Regreso a Madrid en un tren que lleva más de dos horas de retraso. Pienso en lo roto que está todo y en lo mucho más roto que va a estar todo a partir de ahora. Todo roto, todo el tiempo. ✦ En el tren veo The Fallen Idol. Es mejor no contarle secretos a los niños ✦ Mi diario me chiva que hoy, hace cinco años, le hice una foto a un zumo de naranja abandonado que encontré en la calle. No apunté nada más («subí la foto de un vaso de zumo de naranja que vi cuando volvía con el café»), pero recuerdo que tomé la fotografía porque la copa de cristal que contenía el zumo descansaba, en perfecto equilibrio, sobre la precaria intersección de una barandilla de metal cerca de mi antiguo piso de la calle Carranza. Ayer también, hace cinco años, fue el día en que R vino a mi casa, nos despedimos y ya no volvimos a hablar nunca más.
Abro una página nueva en mi diario para anotar qué días sangro por la nariz. Ayer no sangré por la nariz. Hoy tampoco.
Por la mañana termino «El Kremlin de azúcar», mi segundo Sorokin después de «El hielo» que me leí hace unos años. De este libro me maravillan las piruetas con el lenguaje, la forma sutil e indirecta de describir la tecnología futura y la variedad de estilos de cada relato; además, admiro la pasión del autor por las frases largas y las enumeraciones exageradas (una de mis obsesiones, que también colecciono). Aun así, siento que necesitaría estudiar la historia de Rusia para apreciar mejor el subtexto y muchas de las referencias a la cultura del país ✦ Después de comer, planes en Blanes: visitamos el jardín botánico más bonito en el que haya puesto los pies. Me llevo la Canonet y también grabo vídeos que quizá comparta por aquí más adelante ✦ Erica sube a su blog viñetas de nuestras increíblemente ridículas aventuras juntos.